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MATRESCENCIA

Jul 08,2026
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Liseth Tatiana Fonseca Lopez
Médica Ginecoobstetra

Cofundadora Matrescencia SAS

 

“Cuando nace un bebé, también nace una madre.” Esta frase, tan repetida como profunda, resume uno de los procesos más importantes y menos comprendidos en la vida de una mujer: la matrescencia.

Durante décadas, la sociedad ha centrado toda su atención en el embarazo, el parto y el recién nacido como algo físico y orgánico. Sin embargo, pocas veces hablamos de la enorme transformación emocional, psicológica, social e incluso espiritual que vive la mujer al convertirse en madre.

La maternidad no comienza ni termina con el parto. Es una transición compleja que implica reconstruir la identidad, redefinir prioridades, modificar relaciones y adaptarse a una nueva realidad. A este proceso se le conoce como MATRESCENCIA.

¿Qué es la matrescencia?

La matrescencia es el periodo de transición mediante el cual una mujer se convierte en madre. No se trata únicamente de tener un bebé, sino de experimentar una profunda reorganización de prácticamente todos los aspectos de la vida. Así como la adolescencia representa la transición entre la niñez y la adultez, la matrescencia representa la transición hacia la maternidad.

Durante este periodo ocurren cambios en múltiples dimensiones, tanto hormonales, físicos, emocionales, cambios en la identidad, en la relación de pareja, en el comportamiento familiar, a nivel labora, político y social. Por esta razón, la matrescencia no puede entenderse únicamente desde la medicina; requiere una mirada integral que incluya la psicología, la neurociencia, la sociología y la salud materna.

El origen del término

El término “Matrescence” fue acuñado en la década de 1970 por la médica antropóloga estadounidense Dana Raphael, quien también acuño el término “doula” en el contexto moderno. En su libro , Becoming a Mother, A New/Old Rite de Passage in Reproduction, Power, and Change, Raphael observó que la transición hacia la maternidad era tan profunda como la adolescencia, pero carecía de un nombre que permitiera comprenderla.

Durante mucho tiempo, este término fue poco conocido fuera del ámbito académico. Gracias a Alexandra Sacks, el concepto se retomó y se comenzó a difundir ampliamente mediante investigaciones, conferencias y publicaciones dirigidas tanto a profesionales como al público general. De hecho, solo a partir de 2018 comenzó a aparecer en publicaciones científicas de forma más recurrente.

 

La maternidad cambia el cerebro

Uno de los descubrimientos más fascinantes de los últimos años es que el cerebro de la mujer cambia durante el embarazo y el posparto. Durante mucho tiempo se creyó que estos cambios eran consecuencia únicamente del cansancio o de las hormonas. Actualmente sabemos que existen modificaciones estructurales reales. Diversos estudios de neuroimagen han demostrado cambios en áreas relacionadas con la empatía, la percepción emocional, la memoria social, la interpretación de expresiones faciales, la protección del bebé, el establecimiento del vínculo afectivo.

Estas modificaciones parecen facilitar que la madre pueda reconocer rápidamente las necesidades de su hijo y responder de manera sensible. En otras palabras, el cerebro también se prepara para maternar.

Cambios hormonales

Durante la Matrescencia ocurre una auténtica revolución hormonal. El embarazo tiene el advenimiento de hormonas como la gonatropina coriónica y el lactógeno placentario, así como el incremento del nivel de estrógenos y progesterona como la mayor responsable de todos los cambios fisiológicos de la gestación. Llega el momento del nacimiento y con el alumbramiento disminuye de forma brusca la concentración de estas hormonas y aumentan hormonas como oxitocina, prolactina y cortisol

Estos cambios, completamente normales, también pueden influir sobre el estado de ánimo, el sueño, la regulación emocional y cambios físicos adicionales. La disminución de los estrógenos se manifiesta con cansancio, cambios de humor, ansiedad, depresión y la vulnerabilidad. Asimismo, se manifiestan síntomas como aumento de la sudoración nocturna, resequedad de la piel y las mucosas y el dolor articular.

La oxitocina favorece el vínculo con el bebé y la lactancia. La prolactina aumentando con cada succión del pezón mamario estimula la producción de leche e inhibe la ovulación. El cortisol ayuda a mantener un estado de alerta necesario para responder a las demandas del recién nacido.

El nacimiento de una nueva identidad

Uno de los aspectos más importantes de la matrescencia es el cambio en la identidad. Muchas mujeres expresan frases como: “Ya no soy la misma”, “Siento que me perdi.”, “Extraño quién era antes”. Estas sensaciones no significan que exista un problema, son parte del proceso.

La mujer comienza a integrar una nueva identidad donde conviven múltiples roles: el ser mujer, madre, pareja, profesional, hija, amiga y aprender a equilibrarlos requiere tiempo. No sucede de un día para otro.

Es una montaña rusa emocional

La matrescencia está llena de emociones aparentemente contradictorias. Es posible sentir felicidad, miedo, amor inmenso, culpa, ilusión, ansiedad, agotamiento, gratitud, y hasta frustración. Y todas pueden coexistir. Muchas madres se sorprenden al descubrir que amar profundamente a su bebé no evita sentirse agotadas o desbordadas. Comprender esto disminuye la culpa.

No existen emociones “incorrectas” durante la maternidad. Lo importante es reconocerlas y buscar apoyo cuando sea necesario.

La presión social

Las redes sociales han contribuido a construir una imagen idealizada de la maternidad; madres sonrientes con casas impecables, o bebés tranquilos con lactancias perfectas, o madres en su postparto con recuperaciones físicas rápidas. Pero la realidad suele ser mucho más compleja.

La matrescencia implica noches sin dormir, dudas constantes, cambios corporales, desafíos en la lactancia, reorganización familiar y momentos de incertidumbre. Compararse con una maternidad “perfecta” solo aumenta la frustración. Cada historia es distinta y cada madre vive su propio proceso.

El papel de la pareja

La matrescencia no ocurre únicamente en la mujer. La llegada de un hijo transforma toda la dinámica familiar. La pareja también experimenta un proceso de adaptación, cambian las rutinas, disminuye el tiempo libre y aparecen nuevas responsabilidades. Recientes investigaciones han mostrado que la paternidad disminuye los niveles de testosterona y vasopresina, así como elevación de niveles de oxitocina y prolactina generando una reorganización cerebral que facilita y respalda las complejas exigencias del cuidado de los hijos.

La comunicación se vuelve más importante que nunca. Cuando existe apoyo mutuo, distribución equitativa de responsabilidades y comprensión de los cambios propios de la matrescencia, la transición suele ser más saludable para ambos.

La importancia de una tribu

Históricamente las mujeres criaban acompañadas de sus abuelas, hermanas, tías e incluso las vecinas, y se definía la maternidad como una experiencia comunitaria. Cuando se embaraza una mujer no lo hace solo ella ni su familia, también se embaraza la comunidad misma, el territorio, lo colectivo.

La matrescencia se expande a dominio ideológicos, como a nivel espiritual, donde se desarrollan más participaciones en prácticas espirituales que suelen ofrecer consuelo o soporte de la comunidad.  Como tribu las mujeres tienden a imitar y guiarse por prácticas de sus referentes femeninos. La evidencia muestra que el apoyo social disminuye el riesgo de depresión posparto, mejora la lactancia y favorece el bienestar materno. Por lo que es claro enfatizar que buscar ayuda no es un signo de debilidad, es una necesidad humana.

¿Cuánto dura la matrescencia?

No existe una duración exacta. Aunque los cambios físicos del embarazo pueden resolverse en meses, la transformación emocional e identitaria suele extenderse durante varios años. Algunos especialistas consideran que la transición más intensa ocurre durante los primeros dos años. Otros sostienen que la matrescencia continúa evolucionando conforme crecen los hijos. Cada etapa de la crianza trae nuevos desafíos y nuevas formas de redefinir la maternidad.

La Matrescencia NO es depresión posparto

Es importante diferenciar ambos conceptos. La matrescencia es un proceso normal, mientras la depresión posparto es un trastorno de salud mental que requiere evaluación y tratamiento. Es normal sentirse cansada, llorar ocasionalmente, sentir inseguridad y experimentar cambios emocionales. Pero sale de la normalidad cuando estos síntomas son  intensos, persistentes o interfieran significativamente con el funcionamiento diario. Buscar ayuda profesional nunca debe verse como un fracaso. Al contrario, es un acto de cuidado hacia la madre y su bebé.

¿Cómo vivir una matrescencia más saludable?

No existe una maternidad perfecta. Pero sí existen herramientas que pueden hacer la transición más amable. Entre ellas, el informarse durante el embarazo, alimentarse y mantener actividad física, dormir siempre que sea posible, buscar apoyo emocional, participar en una comunidad con más mujeres atravesando este proceso, consultar a profesionales cuando existen dudas .Y lo más importante es recordar que cada maternidad es única.

¿Por qué nos llamamos matrescencia ?

Porque creemos que cuidar al bebé comienza por cuidar a quien lo sostiene. Por eso nuestro enfoque va mucho más allá del control prenatal o el momento del parto. Acompañamos a las mujeres en todas las dimensiones de esta transformación: física, emocional, mental y social. Entendemos que una madre necesita información basada en evidencia, pero también espacios donde pueda sentirse escuchada, comprendida y acompañada.

Cada clase de yoga, pilates prenatal, preparación para el parto, asesoría de lactancia, sesión de spa, encuentro entre madres o actividad de bienestar tiene un mismo propósito: ayudar a que la transición hacia la maternidad sea vivida con mayor confianza y menos soledad.

BIBLIOGRAFIA

  1. Athan AM. A critical need for the concept of matrescence in perinatal psychiatry. Front Psychiatry. 2024 Jun 10;15:1364845. doi: 10.3389/fpsyt.2024.1364845. PMID: 38962063; PMCID: PMC11220490.
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