¿Por qué la información y la confianza cambian la forma en que parimos?
Cuando pienso en mi embarazo, recuerdo el crecimiento de mi barriga, los cambios físicos y las noches de insomnio. Pero también revivo la incertidumbre al buscar un ginecólogo en quien pudiera confiar desde el respeto y la empatía.
El temor al parto era real, intensificado por experiencias cercanas y relaciones sobre violencia obstétrica. Descubrí que para estar informada no era necesario saberlo todo, sino conocer mis derechos, cómo quería vivir mi parto y no delegar mi voz en el proceso.
Durante el embarazo, el acceso a información clara me permitió encontrar tranquilidad en medio del vaivén hormonal y emocional. Aprendí que la violencia obstétrica puede ocultarse tras rutinas y prisa médica, y que informarse es resistir y poner límites.
Encontrar una ginecóloga abierta al diálogo cambió mi perspectiva. Entender que el parto es mío, aunque el sistema a veces lo olvide, me emppoderó. Acompañada por mi pareja y una doula, viví el proceso con presencia y acompañamiento.
El día del parto, una cesárea de emergencia fue necesaria. En lugar de miedo, sentí calma: mi médica explicaba cada paso, mi voz era escuchada, la empatía y el respeto estaban presentes. Aunque fue quirúrgico, fue íntimo y humano: un parto puede ser humanizado desde la información y el respeto.
La confianza fue el hilo conductor: en mi cuerpo, en mi médica, en mi pareja y en lo que sabía. No fue un camino perfecto, pero hubo acompañamiento y claridad. Hablar de todo esto importa, porque cada historia contada abre espacio para otros y muestra que el parto humanizado empieza cuando escuchan verdaderamente tu voz.


